Entrenamiento efectivo: ¿son nuestras necesidades las que nos limitan la curiosidad?

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“La cosa no va de tener ideas, es de hacer que sucedan” – Scoot Belsky

Si algo hemos aprendido, es que sin esfuerzo no hay acción, sin acción no hay resultado, sin resultado no hay ni pérdida ni beneficio.

Algo que he aprendido en estos últimos años, es a llevar un entrenamiento, como si de una tabla de rutinas de gimnasio, fuera a practicar, días atrás os explicaba sobre el liderazgo y las artes marciales, junto a su relación.

Si hay algo que hemos aprendido que la creatividad, sea en las organizaciones o en nosotros mismos a la hora de crear, muchas veces aparece porque hemos tenido curiosidad en algo, curiosidad en aprender o querer saber, curiosidad para explorar nuevos sitios físicos o mentales.

Para los que nos gusta o hemos realizado deporte en nuestra vida, sabemos que el entrenamiento es constancia, para aprender  a dominar un deporte o ejercitar los músculos del cuerpo, para que estos estén trabajados, esta vez, todos los años que había entrenado, lo iba a focalizar a un solo músculo situado en la parte superior de la cabeza, por ello que establecí una rutina diaria, lectura, y escritura, como la parte física ya lo trabajo muchas horas a diario, necesitaba realizar otro tipo de entrenamiento más mental.

Nos dicen que mente sana cuerpo sano, cuerpo sano mente sana, por ello la situación era fácil, cuerpo sano, mente para trabajar, por lo tanto opté por un entrenamiento, realmente, era una situación desconocida, dado que con anterioridad, tanto una cosa como la otra estaban en trabajo constante, fuera de una forma u otra.

Por un lado estaba “entrenando físicamente más de 8 horas laborales”, por otro lado, la parte mental se iba a quedar atrás, en ese instante descubrí que algo había de cambiar y que eso sería un largo viaje, por otro lado un largo aprendizaje, sobre todo continuado, y a su vez, sería un reto más personal que profesional, pero a lo largo de estos 3 años, ha sido por ambas partes, nació este sitio, justo empezó el día 8 de abril del 2013, con un artículo significativo, dando las Gracias , las mismas gracias que os han ido acompañando en todos y cada uno de los post o artículos de este lugar, al final de la firma, para que nos hiciera recordar, de dónde empezó todo y a su vez me hacía recordar como empecé esta aventura.

Es difícil nadar si no estamos en el agua.

Un pez no sobrevive mucho tiempo fuera del agua. Nuestra pasión muchas veces nos viene por el entrenamiento o acción de realizar una misma cosa muchas veces, cuando nos enfrentamos a retos similares, si no participamos activamente, en el entrenamiento – y mediante formas de trabajo que queremos conocer, dominar,  dónde queremos conocer en qué momento estamos, en que parte de nuestro camino nos ubicamos.

Cuando no estamos interactuando con el trabajo que nos gusta, la duda puede colarse, puede aparecernos. Empezamos con la segunda pregunta para adivinar algo de nosotros mismos: ¿Tenemos lo que necesitamos para entrenar?

Esta duda de nosotros mismos, al igual que las anteriores nos empiezan darnos golpes en nuestra confianza.

Cuando esto sucede, en nuestras vidas, en nuestros hogares, en nuestro trabajo, nos podemos encontrar que nuestros  sueños empiecen a marchitarse hacía una muerte lenta y dolorosa.

¿Quién quiere que nos suceda esto?

La buena noticia es para nosotros que:

Nosotros no tenemos que ser un pez fuera del agua, moviéndose y dejándose caer en torno a la orilla. Si estamos fuera del agua, vamos a intentar entrar, para aprender, como si anfibios fuéramos para sobrevivir tanto fuera como dentro del agua, lo podríamos denominar evolución, el pasar de ser un pez de pecera a un anfibio todo terreno.

Por este motivo, especialmente aquellos de nosotros que hemos estado en situaciones que nos parecía que estuviéramos atrapados, o luchando por algo en un tiempo largo, a veces esto nos agota:

Imaginémonos que estamos dentro de un charco de agua, con un extremo poco profundo y una parte más profunda pero más alargada.

Nos preguntamos: ¿Dónde estamos en relación con el grupo que nos rodea?

Sentémonos, paremos, respiremos, para preguntarnos ¿Dónde estamos, de dónde venimos y hacía dónde queremos ir?

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Cerremos los ojos y pongámonos en escena, en situación.

Observemos lo que sentimos. ¿Lo llevamos en nuestro cuerpo?

¿Cuál es nuestro diálogo interno? ¿Qué estamos diciendo de nosotros mismos? ¿En qué pensamos  cuando nos vemos dónde estamos?

Tomemos nuestro tiempo para realizarnos estas preguntas. Es nuestro día a día, nuestra experiencia, como si de un diario de navegación utilizáramos en nuestro día a día.

Por encima de todo, vamos a descubrir  que en este proceso sea como sea no todo es perfecto, a veces la imperfección es nuestra perfección porque lo es para nosotros y no para los demás.

Si nos encontramos que no estamos en la piscina, recordemos esto, también, alguna experiencia nos está sirviendo de alguna manera. Sabiendo que nosotros no estamos en la piscina nos da una abertura para explorar, lo que significa que estamos “fuera del agua”, por lo tanto aprendemos que podemos empezar a ofrecer.

Empezamos a ofrecer nuestro aprendizaje, nuestro entrenamiento, nuestra salida de la zona de confort:

En el entrenamiento, más que en cualquier otra forma de aprendizaje, profesión que hemos visto, el resultado es nuestro viaje, no es sólo la ruta de acceso a nuestros resultados.

Es la fuente de gran parte de lo que tenemos para aprender y ofrecer a todos los demás, sea en nuestras vidas o en el trabajo, a los equipos o organizaciones.

En otras palabras, nuestra lección no puede ser tan obvia como la búsqueda de la forma más rápida para llegar a la parte más profunda de la piscina.

La curiosidad puede matar al gato, pero nuestro entrenamiento requerirá que al final podamos prosperar.

La calidad de nuestra curiosidad es también importante: ¿Cómo es nuestra fuente de curiosidad?,  ¿dónde nos centramos? Podemos hacer una gran diferencia en la profundidad del entrenamiento y los resultados que podemos obtener como resultantes.

Podríamos preguntarnos: “¿Accedemos a nuestra curiosidad a través de nuestro corazón o a través de nuestra cabeza?” pero, francamente, la pregunta es un poco anticuada y demasiada abierta, como si el polen de las flores la dejáramos en el aire flotando.

Como marco ligeramente diferente, para este pensamiento y reflexión, consideramos que podemos generar una fuente de nuestra curiosidad a partir de nuestra necesidad.

Esta necesidad puede incluir la necesidad de obtener suficiente información para que podamos pasar a la respuesta de algo, a la  resolución de un problema, de un conflicto.

O una necesidad de querer ser alguien que queremos saber, aprender, comprender, haciéndonos una pregunta que  nos confirme nuestro pensamiento.

Puede que nuestra fuente de la curiosidad nos empiece desde una necesidad de sentirnos seguros, y así  podamos tener una situación que nos evite enfrentarnos hacernos o que nos formulen preguntas difíciles.

Mientras que nuestra comodidad es más importante que el descubrimiento de nuestro conocimiento, no podemos rechazar la invitación para que la verdad total no se quede en algo superficial. La verdad total nadie la conoce, pero de un modo u otro intentamos averiguarla para nosotros mismos, para aprender a lo largo de nuestras vidas, tanto personales como profesionales.

No hay que olvidar la necesidad cada vez es más popular para querer que lo hagamos todo bien, lo que nos puede colapsarnos, incluso cuando nos estamos preparando para un examen, para una prueba, para el ejercicio de algo, para obtener un resultado, sea a largo o a corto plazo.

Por lo tanto, la curiosidad la podemos obtener de nuestra necesidad y del ego que tengamos en querer aprender algo por nosotros mismos.

Para comprobar esto por nosotros mismos. Preguntémonos si nuestras preguntas son acerca de aprender,  de entrenar, de descubrir o descubrirnos, o tal vez – a veces – para sentirnos en nuestro nivel de comodidad que de alguna manera queramos estar.

La curiosidad más potente y la capacitación en el entrenamiento se originan en el deleite que tenemos, en el descubrimiento integrado con una conexión profunda, con nuestra sintonía con los demás y con nosotros mismos.

Cuando hemos empezado este artículo, hemos mencionado la fuente y el enfoque de nuestra curiosidad. Observamos cómo el enfoque de nuestra curiosidad  nos crea unos flujos basados muy orgánicamente, de cómo es nuestra Fuente interna. Si nosotros entrenamos a partir de la conexión  de este momento clave, tendremos mucha más probabilidad que centremos nuestra curiosidad sobre lo que vamos a empezar a aprender, a desarrollar, a explicar, a re solucionar, a debatir, para hacer frente de la mejor forma a la hora de gestionar nuestros propios niveles de confort.

Observemos nuestra curiosidad, nuestro querer, nuestro objetivo, nuestra creatividad.

Apoyemos nuestra curiosidad ¡sin límites! Como valientes que quieren ir al espacio a descubrir nuevos planetas, nuevas formas, nuevos sistemas, nuevas ideas, y todo ello nos servirá tanto a nivel personal, profesional, organizacional, grupal etc.

Tienes todo lo necesario para construir algo mucho más grande que tú mismo – Seth Godin.

 

Gracias por leerme, por disfrutar, y sobre todo que te haya ayudado.

 

Seguiré escribiendo, y aportando.

Ricard Lloria by @Rlloria

Photo credit: Morgue Files – by Hotblack

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.

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