Motivación y ventaja, ¿cuando se produce un error de Liderazgo?

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La mayor aventura es la que nos espera. Hoy y mañana aún no se han dicho. Las posibilidades, los cambios son todos vuestros por hacer. El molde de su vida está en sus manos para romperlo. – El Hobbit de J.R. R. Tolkien

¿Cuando se produce un error de Liderazgo?

Los días Lluviosos. Una rueda pinchada. El peor de los casos. Tener un mal día. Como dice el dicho, estas cosas suceden. Y lo mismo ocurre con el error en el liderazgo.

A veces, los líderes nos podemos quedar fuera del camino, tal y como hablábamos hacía unas semanas atrás, a veces es por voluntad propia, pero cuando nos quedamos fuera del camino por un error, siendo el error, lo que nos pueda hacer perder el liderazgo, cuando el perder el liderazgo nos encontramos fuera del grupo ¿Qué nos puede ocurrir?

La Motivación intrínseca de las personas o miembros del equipo.

Vivimos en un mundo impulsado por la motivación extrínseca. Un deseo de lograr o cambiar debido a las demandas externas. Motivadores tangibles, suelen ser superficiales que nos impulsan a conformarnos, queremos ser aceptados tanto por unos como por otros. Una motivación falsa dictada por el dinero, la riqueza material o condición social. Que se alinean nuestros “trofeos”, “éxitos” en un mundo lleno de competidores. Buscamos la superación personal sólo para el aplauso de los demás. A medida que continuamos nuestra búsqueda para la próxima victoria social, nos perdemos nosotros mismos, perdemos nuestra razón, perdemos el propósito por el que queremos hacer las cosas, nos sentimos perdidos, como si de ratas fuéramos, luchando en un circuito cerrado, para ganar nuestras vidas en la carrera en la que todos queremos ganar la misma pieza de queso rancio, esto nos va ir o a  llamar hacía la derrota final.

Siempre nos encontraremos con alguien más rápido, más fuerte, más inteligente o mejor de lo que queramos ser, por ahí, en el exterior siempre habrá alguien que nos supere, no nos engañemos.

Sin embargo, si estamos impulsados por la pasión, el fervor y la intensidad de la motivación intrínseca siempre somos ganadores. Cuando competimos contra nosotros mismos, no tendremos límites para alcanzar las recompensas únicas. La verdadera motivación proviene del desarrollo de hábitos intangibles, valores, costumbres y creencias que nos empujan más allá del aplauso de los demás, más allá de la aceptación social y en la auto-aceptación. Cuando creemos en nosotros mismos, no nos importa lo que otros crean. Sin embargo, si sólo nos empujamos a nosotros mismos para probar a los demás están equivocados, la curva sinusoidal de la igualdad y la verdad nos dirá también, que vamos a darles la razón.

Escuchamos a los demás que dicen que están dedicados a “algo”. Dedicados a la familia, al trabajo, a todo tipo de instituciones, a creencias y a personas. Sin embargo, la dedicación se define como “algo” singular. No podemos dividir nuestro esmero para a continuación, dividirnos en nosotros mismos. En lugar de dedicar toda nuestras fuerzas en nosotros mismos, a nuestra motivación intrínseca. Esto  no es ser egoístas, cuando la superación personal la queremos hacer por nosotros mismos. Hay una diferencia en estar motivado por uno mismo y estar motivados intrínsecamente. Hay una diferencia entre el yo y la porción de la auto motivación que nosotros mismos nos creamos.

No podemos ser un buen padre, esposo o hijo si no somos unas grandes personas. No podemos ser quienes somos si no tenemos contenido del carácter. Es dentro de nosotros que nos permite estar fuera de nosotros. Lo que otros ven es sólo un reflejo de lo que vemos en nosotros mismos.

Dependiendo del tipo de motivación que tengamos y que proporcionemos nos puede dar a cometer errores en el liderazgo, los cuales son a menudo el resultado de:

  • Tener una mala planificación

 

  • Inexperiencia, es decir, no tener experiencia en algo

 

  • Ser testarudos, tercos, no flexibles.

 

  • La falta de visión en las cosas, en la hora de hacer las cosas.

 

  • Cuando tenemos orgullo y no aceptamos el error.

Sucede más a menudo de lo que quisiéramos admitámoslo, sobre todo cuando es culpa nuestra.

Cuando somos las víctimas, sin embargo, nos damos cuenta de que todo el tiempo. Nos vemos como estar atrapados en nuestras circunstancias. Nos quejamos. Despotricamos. Chismeamos. Tiramos nuestras manos al aire y nos preguntamos: “¿Qué pasa si hacemos esto o lo otro?

¿Qué pasa si?” no es necesariamente una mala pregunta. Pero en lugar de preguntarnos “¿qué pasaría si los que nos conducen son mejores?“, podríamos preguntarnos: “¿Y si hubiéramos respondido a la falta de liderazgo de la mejor forma? ¿Qué hubiera sucedido?

El hecho de que sufrimos en virtud de los errores de alguien no significa que tengamos que sufrirlos nosotros mismos. Incluso en circunstancias difíciles, escogemos cómo respondemos a los demás, como actuamos ante los demás, y sobre todo cómo vamos a resolver los conflictos, errores cometidos, o problemas que se nos planteen.

Hace años “A” experimenté un liderazgo de “fracaso“, de error. La persona responsable hizo un trabajo horrible. El líder perdió el foco en la misión de nuestro equipo. Tomamos decisiones que eran contrarias a nuestros valores. La tozudez, el no aceptar el error, el no querer ni si quiera mirar hacía el mismo, tiempo después llevó a todo el grupo a un fracaso aún peor. ¿Y si hubiéramos afrontado desde un principio el problema causado, sin mirar el culpable, y hubiéramos buscado una solución rápida, consistente, hubiéramos ido todos al fracaso?

Nuestro líder (dirigente) estaba más interesado en lo que tenía que ganar personalmente de nuestro trabajo que en el trabajo real. Él se preocupaba más por la promoción de su nombre en vez  de servir y ayudar a la gente.  Esta situación, la hemos visto más de una vez, en diferentes organizaciones, en diferentes lugares, en diferentes mercados, es aquí cuando el error se transforma en el fracaso, y a veces este fracaso es el desplome de todo, la caída del imperio, como una escalera de naipes, montados uno encima de otro, provoca la caída total.

Pero incluso cuando nuestros líderes están a la altura, no puede haber beneficio para nosotros si elegimos a la hora de responder bien. ¿Cómo podemos obtener el máximo provecho de los errores de liderazgo?

 

  1. La paciencia. Vivimos en una cultura que exigimos “una cabeza de turco”. Cuando algo va mal, nos preguntamos de inmediato, ¿de quién es la culpa?

Demos a nuestros líderes un descanso. Todos cometemos errores. Tratemos de entender el fracaso de nuestro líder. ¿Es esta una ocurrencia de un tiempo o un patrón? ¿Cuál fue nuestra motivación? Seamos pacientes y rápidos para perdonar. Podríamos esperar lo mismo si es nuestro error. Seamos líderes o no, la paciencia es nuestra gran virtud.

 

  1. La renuncia. Una respuesta común a la falta de liderazgo es renunciar. Resistirnos a este impulso. Seguir trabajando duro por nuestra parte, aún si no estamos bajo presión.

Entendemos las debilidades como líderes y de nuestro líder, tratamos de ayudarnos entre nosotros o a través de él, a través de sus y nuestros puntos fuertes. Siempre hagamos nuestro trabajo bien. La falta de liderazgo no es una excusa para ser vagos, perezosos. De hecho, nuestro trabajo duro será necesario más que nunca en los momentos más difíciles.

 

  1. La experiencia. No permitamos que un error nos pase de largo sin tener que aprender del mismo. Son momentos muy valiosos. Ya es bastante malo que la persona “dirigente”, el cual ejerce de líder pueda cometer o producir un error. Es peor dejar pasar error sin que aprendamos del mismo, el ser humano es el ser que puede llegar a tropezar más de una vez con la misma piedra, pero si aprendemos, seguro que a la segunda vez ya no tropezaremos más.

Las mejores lecciones, a menudo, provienen de errores. Si aprendemos de los errores de nuestro, “dirigente,  líder, a continuación, vamos a adquirir conocimientos valiosos sin tener que realizar el mismo error nuevamente.

 

  1. La honestidad. Decir la verdad es siempre bueno. Siempre. Si cometemos un error, admitámoslo. Si el líder comete un error, es posible que tenga que ser honesto con todos los miembros del equipo, si lo asume y no carga contra nadie, ni se buscan culpables, haremos que se cree un clima basado en la confianza, y esto nos mejorará la productividad.

Dependiendo de las circunstancias, lo mejor que haremos es simplemente discutir el error en un diálogo abierto. No seamos agresivos y ni busquemos al culpable. Sin embargo, si estamos dispuestos a hacer preguntas difíciles e involucramos a la gente en estar en un estado de tensión permanente, nos podemos encontrar con situaciones contra producentes. Puede resultar que nuestro líder no tenía constancia de  la realización del error que cometimos, puede que ni el mismo supiera del error, pero si entre todos lo informamos, luego lo podremos resolver y hacerlo mejor..

 

  1. Cambiamos de tema. A veces la única opción que tenemos es que vamos a seguir adelante. No empecemos aquí, pero tampoco no tengamos miedo en hacerlo, finalmente.

El cambiar de tema es una cuestión de discernimiento. Utilizamos nuestro mejor juicio para decidir cuándo una situación es desesperada, y si lo es, apretamos el gatillo de salida, para ponernos todos las “pilas” y así tiramos todos del mismo “carro”. No perdamos el tiempo tratando de corregir un barco hundido. Hagamos uno mejor, pero no igual, para no cometer el mismo error y volverlo a hundir.

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Cómo responder a los errores de liderazgo de los demás, nos da la oportunidad de ser verdaderos líderes, por el ejemplo, a la hora en que damos en nuestra respuesta para ayudar en la solución del error.

Si convertimos el error, de una manera que se nos transforme en una ventaja.

Con el tiempo, si nos hemos mirado en el espejo, hemos aprendido a mirarnos para conocernos, y nos hemos encontrado en una situación que no podíamos seguir adelante hasta que aprendemos de nuestra experiencia. Aunque increíblemente puede ser difícil, nos podemos sentir hasta humillados dependiendo de la gravedad del error. He aprendido algunas lecciones críticas, que cambian la vida. Estoy convencido que no estaría donde estoy hoy si no hubiera tenido este fracaso. Pero es del mismo que he aprendido, del mismo que cada y uno de nosotros podemos aprender a lo largo de nuestras vidas a través de los errores.

Pero no todos los errores terminan tan bien. A veces, las personas sufren un revés y nunca se recuperan. No creo que tenga que ser de esta manera. Todo está en la forma en cómo lo procesamos y afrontamos los errores, de una manera u otra, el saber abrir los ojos de esos vendajes que no nos dejaban ver con claridad. Estoy convencido que si vamos a tener éxito, antes aprenderemos a lidiar los fracasos y errores con fuerza.

Creo que hay al menos seis componentes que giran el error o el  fallo a nuestro favor:

  1. Reconozcamos el fracaso. Es aquí donde comienza. Que sepamos, nunca hemos disparado a nadie por no hacer algo. Si la acción no es natural, si nosotros nos estamos esforzando para ofrecer y conseguir grandes resultados. El problema nos vendrá cuando erramos y luego nos negamos a reconocerlo.

 

Hace varios años, tuve un proyecto que se hundía. El proyecto no estaba dando los resultados que esperábamos. Eso fue sin duda un problema, pero no era el problema principal. El problema fue que la persona que había apostado con nosotros de llevar a cabo el proyecto se negó a reconocer que teníamos un problema. Mantuvo defenderse a sí mismo. Al hacer esto, sólo nos convenció de que él no “iba hacer las cosas.” Como resultado, todo el proyecto el cual ya habíamos avisado desde su lanzamiento que estábamos fuera de mercado y no lo íbamos a vender.

El hecho de no reconocer el fracaso, dada su posición en la jerarquía de la empresa, nadie podía hacer nada, el proyecto, tenía que ser innovador, pero los costes para su lanzamiento se disparaban al doble de algo parecido a lo que había en el mercado, esto supuso unas pérdidas incalculables, al final al empresa cerró, parecido a otro que provocó casi el hundimiento de la empresa.

Una vez que reconozcamos el fracaso, nos quita nuestro poder. A continuación, podemos empezar a convertirlo en algo positivo.

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  1. Asumamos la responsabilidad completa. Nosotros no va a llegar a ninguna parte, siempre y cuando estemos culpando a los demás por nuestro fracaso. Mientras la responsabilidad es externa fuera nosotros, como si fuéramos una víctima. ¿Por qué? Porque no podemos controlar a los demás. Sólo nos podemos controlar a nosotros mismos. Sin embargo, cuando tomamos la responsabilidad del error, del fracaso y somos plenamente responsables de ello, tomaremos de nuevo el control. De repente nos damos cuenta que podríamos haber hecho las cosas de manera diferente. Es cuando abriremos la puerta a la posibilidad, a crear un resultado diferente en el futuro. Pero esto sólo puede sucedernos cuando reconozcamos el error y lo poseemos por la responsabilidad que tenemos ante ello.

 

 

  1. No lloramos el error, o fracaso, nos estamos aconsejando a tener una actitud positiva. Llorar el error o el fracaso, es de personas humanas. Las punzadas del error, del fracaso, nos duelen a veces, profundamente. Muchas veces hay pérdidas muy reales y graves. Con frecuencia, no es un daño colateral. Otras personas se ven perjudicadas. A veces, las personas inocentes. Es normal sentirse triste por estas cosas. A veces necesitaremos un tiempo para recuperarnos.

 

 

  1. Aprender de la experiencia. Incluso el fracaso puede ser nuestra liberación si aprendemos algo de él. No tiene que ser que terminamos la carrera profesional o personal. De hecho, puede ser la creación de la carrera nueva que vamos hacer, si tomamos el tiempo para “exprimir todo el jugo del limón” sobre la experiencia adquirida a la hora de aprender de nuestros errores.

 

Honestamente, sólo hay algunas cosas que no se pueden aprender o no aprenderemos nunca si nunca fallamos. Me gustaría que fuera diferente. Pero el dolor es un maestro de largo recorrido, de gran alcance. Friedrich Nietzsche, el filósofo alemán del siglo XIX, dijo una vez: “Lo que no nos mata nos hace más fuertes.” Tan cierto como la vida misma.

Pero sólo nos hace más fuertes si procesamos a fondo la experiencia, podremos determinar lo que podríamos haber hecho de manera diferente, y como lo vamos a hacer de manera diferente la próxima vez que nos encontremos con ese error.

 

Es útil preguntar “¿Qué nos falta?” En lugar de “¿Qué salió mal?” Esta última posibilidad nos apaga, a menudo resulta que terminamos por culpar a quien sea. La primera pregunta nos abre hacía la posibilidad y hacía los resultados en el aprendizaje.

 

  1. Cambiamos el comportamiento. George Santayana, otro filósofo, dijo: “Los que no podemos aprender de la historia estaremos destinados a repetirla.” Y realmente no hemos aprendido nada hasta que nos afecta en nuestro ser, en nuestro equipo, en nuestra organización, en nuestra vida, en nuestro comportamiento.

Si seguimos haciendo las mismas cosas que nos condujeron hacía al fracaso, estaremos destinados a obtener más fracasos. Tenemos que estar dispuestos a cambiar.

Y lo que realmente es importante que todo se inicie con nosotros mismos. Esta es la única cosa que tenemos el control sobre algo o sobre cualquier cosa.

 

 

  1. Introduzcamos todo nuestro corazón en el próximo proyecto. No permitamos que el fracaso nos detenga en el próximo cambio, en la próxima innovación, en la próxima aventura. Si caemos del caballo o de la bicicleta, nos volvemos a levantar de la forma más inmediata o rápida posible.

 

Si no hacemos esto, el error o fallo se magnificará, se hará más grande en nuestra mente.  Si siempre esperamos a que todo pase lo suficientemente para que nos acordemos del error, nunca obtendremos en absoluto un aprendizaje. En su lugar, el pasado lo dejamos atrás, aprendemos de él para poder seguir adelante.

Una vez más, el fracaso, el error es inevitable si vamos a intentar a conseguir, abordar objetivos importantes. Aprendemos a la hora de hacer, para que luego funcione. Al hacerlo, estamos plantando las semillas para poder luego recoger lo sembrado.

La necesidad de tener siempre la razón es el mayor obstáculo para las ideas nuevas. – Edward De Bono

Gracias por leerme, por disfrutar,  por compartir y sobre todo que te haya ayudado.

Seguiré escribiendo, y aportando.

Ricard Lloria by @Rlloria

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